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EL
DEBATE ESTÁ SERVIDO: DURANTE AÑOS HEMOS
CREIDO QUE VACUNAR A LOS PERROS Por: Christina de Lima-Netto, "Castro-Castalia" Bullmastiff
Lo primero que cabe preguntarse, para luego poder comprender el por qué de este
debate que tiene convulsionados a los defensores y a los detractores de la vacunación
preventiva en perros (y tambien, dicho sea de paso, en niños), es... ¿qué es una
vacuna? y..., ¿para qué sirve?
Pues bien, una vacuna no es ni mas ni menos que cualquier virus o principio orgánico que,
convenientemente preparado, es inoculado a persona o animal para perservarlos de una
enfermedad determinada; también
podríamos definirla como un antígeno procedente de
uno o varios microorganismos patógenos, cuya administración estimula la formación de
anticuerpos, dando como resultado que el organismo inoculado adquiera inmunidad contra
tales microorganismos.El término procede del latín vacca, en memoria de la que fue la primera vacuna. Y es que
si hacemos un poco de História podriamos
remontarnos a hace poco más de doscientos años, más concretamente 1796, cuando Edward
Jenner (autor de "Investigaciones acerca de las
causas y efectos de las viruelas vacunas"), observó que las ordeñadoras no
solían contraer la viruela, por lo que realizó vacunaciones con material procedente de
animales enfermos de viruela vacuna --muy semejante a la humana--, constatando que las
personas tratadas no padecían la enfermedad.
Los beneficios que este descubrimiento ha tenido para la Humanidad son
incuestionables y gracias a la vacunación se han
erradicado de la faz de la Tierra gravísimas enfermedades, tantas de ellas mortales o
incapacitantes, tanto en humanos como en animales de granja y de compañía. No cabe
pues, a priori, cuestionar su necesidad y su
utilidad.
Y, sin embargo
la vacunación preventiva de cachorros y perros adultos está siendo cuestionada, y
mucho y de manera muy significativa, en los Estados Unidos, donde la población canina en
este momento se contabiliza muy por encima de los sesenta y cinco millones de ejemplares.
¿Por qué? A lo largo de este y próximos capítulos lo vamos a ir viendo.
El sistema inmune responde a la estimulación por antígenos bien sea mediante la produccion de anticuerpos o debido a la activación de la inmunidad celular o gracias a la
combinación de ambas respuestas. La administración de un antígeno específico (léase,
vacuna) deriva en el desarrollo de una respuesta
inmune específica hacia ese antígeno concreto, exclusivamente, mientras que un
inmunoestimulante inespecífico estimula el sistema inmune en su conjunto y o bien reduce
la inmunosupresión o, por el contario, incrementa la resistencia a la enfermedad en
general. Las vacunas suelen pues producir una
inmunidad casi siempre específica y, en la mayoría de los casos, muy a largo plazo, en
tanto que la inmunoestimulación no-específica tiene una duración menor y debe pues
emplearse exclusivamente para aquellas enfermedades en las que se haya demostrado que
resulta beneficiosa.
La inmunización activa implica la administración del antígeno, que ha de
derivarse de un agente infeccioso, de tal manera que el animal vea inducida una respuesta
inmune específica, con la que llegue a conseguir una óptima resistencia frente a ese
agente infeccioso.
Pero por eso mismo, varios son los criterios que determinan cuando y como debe
utilizarse una vacuna.
1º De una parte, tenemos que hay que determinar cual es la verdadera causa de una
enfermedad y a veces, muchas veces, las enfermedades no están causadas por un único
agente infeccioso, sino por varios, que no siempre se conocen;
2º Por otro lado es imprescindible comprobar que una respuesta inmune apropiada y
específica, va realmente a proteger el organismo frente a esa enfermedad, pues al
contrario de lo que cabría pensar, en algunos casos, una respuesta inmune es parte de la
enfermedad y la administración de una vacuna puede complicar el cuadro mucho más que
proteger al individuo;
3º Finalmente, el riesgo de la vacunación preventiva nunca debe exceder aquellos
otros que la enfemedad por sí misma puede provocar.
Y aquí es precisamente donde radica el quid de
la cuestión, pues hemos de tener en cuenta que en ocasiones, el uso abusivo de las
vacunas puede complicar ciertos diagnósticos basados en estudios serológicos, hasta el
punto de llegar a imposibilitar la erradicación de la enfermedad como tal!
Además hemos de tener bien presente que cuando las vacunas se emplean para
controlar enfermedades en una población y no en unos individuos concretos, hay que tener
en cuenta el llamado concepto de inmunidad de
conjunto (concept of herd immunity), que se refiere al incremento de la resistencia en
un grupo debido a la presencia de animales inmunes dentro del mismo, con lo que se reduce
la probabilidad de que los individuos que serian susceptibles de padecer tal o cual
enfermedad pudieran convivir o darse de bruces con otros infectados dentro del mismo
núcleo o habitat. En estos casos, el contagio de las enfermedades se ve muy dificultado,
ralentizado o bloqueado.
Pero no es menos cierto que una vacuna ideal, capaz de conferir inmunización
activa, necesariamente deberia proveer al animal vacunado una inmunidad prolongada y
potente y, al propio tiempo, no causar efectos adversos secundarios, estimulando asimismo
una respuesta inmune facilmente distinguible de aquella que seria debida a una infección
por causa natural, de tal modo que la vacunación y la erradicación de la enfermedad sean
simultaneas. Por otro lado, esa misma vacuna ideal tiene que ser barata, estable y susceptible de emplearse en
campañas de vacunación masivas.
Y aqui es donde nos encontramos con el primer escollo. Dos de estos requisitos --la
ausencia de efectos adversos y la elevada antigenicidad--
no suelen verse cumplidos, cuando hablamos de las vacunas clásicas. Las vacunasatenuadas (preparadas con virus o bacterias vivos) suelen presentar,
por un lado, lo que se ha dado en llamarvirulencia residual y que consiste en la capacidad de revertir en un tipo de enfermedad
todavía más virulento que el que se quiere prevenir, y, por otro, la denominada capacidad contaminante, hasta el punto de que se ha llegado a sugerir por parte de algunos expertos
que el adenovirus que tantos quebraderos de cabeza ha causando entre las aves de granja y
el parvovirus canino pueden haberse distribuido a partir de vacunas contaminadas. Por
lo que respecta a las vacunas inactivadas (preparadas con microorganismos
muertos), que son generalmente mucho más seguras y no presentan estas contraindicaciones,
tienen sin embargo y lamentablemente una mucho menor
capacidad de inmunización y un plazo de proteccion mucho más corto.
En el caso de estas
ultimas y para contrarrestar estos problemas, se emplean en su fabricación los
denominados productos adyuvantes, con la
finalidad de incrementar su capacidad antigénica, pero ¡ay!, aqui tambien nos
encontramos con un problema añadido y es que estos adyuvantes
son en muchos casos susceptibles de causar reacciones en el individuo, a corto, medio o
largo plazo y, cuando han de administarse frecuentemente pueden suponer un efecto hipersensibilizante con distintas
consecuencias. Además, los adyuvantes empleados
multiplican el costo de fabricación de estas vacunas, lo que las hace poco rentables
económicamente para el que las produce y para el que las vende y el que las emplea.
Todo esto, que a primera vista escapa a la percepción del consumidor final, es
decir, el dueño del perro, es lo que ha hecho que se desate un debate que está
adquiriendo unas proporciones cada vez mayores y está calentando la palestra. Y es
tambien lo que ha generado reacciones encontradas entre los que defienden la vacunación a
toda costa, frente a esos otros que creen
que la vacunación no debe generalizarse.
Mientras, los laboratorios han comenzado a trazar nuevas lineas de investigación
para buscar alternativas válidas y capaces de dar una respuesta adecuada a las
necesidades y la demanda. En la actualidad se estan estudiando y experimentando nuevas
vacunas. De todo ello hablaremos en los próximos capítulos. Christina de Lima-Netto,
"Castro-Castalia" Bullmastiffs
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